Para las iniciativas encaminadas a producir obras de gran valor cultural a precios asequibles al grueso público, no hay capitales para arriesgar. Ni los inversionistas ni el Estado se interesan por estas locuras de lunáticos. Pareciera que les conviniera lo contrario. Cuando niño, recuerda el propietario, sus "Maestros" le alimentaron inquietudes para desarrollar la mente, el pensamiento y el intelecto. Ahí estaba el secreto de la clave del mayor desarrollo al que pudiera aspirar un ser humano. Y debió partir de los pocos conocimientos adquiridos académicamente y por su propia iniciativa, aprovechando una de sus mejores fuentes: la lectura. El propietario es un adicto a la lectura.

Por eso tuvo que comenzar por investigar qué obras muy selectas elegía para, a través de ediciones muy económicas, ponerlas a disposición de ese público de escasos recursos en el cual no se fija ningún mercadotecnista que se respete. Pero la empresa con sus pocos recursos, poco a poco y a través de más de veinticinco años de investigaciones y arduo trabajo, comenzó a editar para el público colombiano y americano, los Diálogos de Platón, algunas obras de Aristóteles, de Kant, Montesquieu, Rousseau, Descartes, Dante, Goethe, Virgilio, Homero, Hessen, etc.; también algunas de las grandes obras de la literatura y el pensamiento universales de Cervantes, Bolívar, Dickens, Carnegie, los Hermanos Grimm, Julio Verne, Moliére, Marx, Bocaccio, Shakepeare, Maquiavelo, Balzac, Tolstoi, Fustel de Coulanges, Dumas, Poe, Lassalle, y algunas de las obras clásicas de la filosofía esotérica de Annie Besant, Eduardo Shure, Kalil Gibrán, y otras de las obras que facilitan una excelente formación personal, como El sentido Común, En Vos Confío, el Manual de Urbanidad de Carreño, etc.; todas estas obras encaminadas a formar los verdaderos valores del desarrollo humano como la tolerancia, el poder de la mente, y los grandes poderes espirituales que pueden lograrse a través de un pensamiento bien estructurado.

Muchas de esas obras las tuvo que vender la empresa durante varios años por debajo de sus costos de producción, y aún continúa haciéndolo, compensando esos mayores costos con la ganancia que dejan las obras que ha ido aceptando el público.

Pero a qué librero le interesan esas obras de ventas tan reducidas? Pues paralelamente a la edición de libros el propietario y otro grupito de idealistas debieron ir creando sus propios distribuidores y comercializadores de estas obritas "desechables" como las han venido llamando sus competidores y detractores, ejecutivos y dueños de las grandes editoriales. Ahora, después de tantos años de labores y de haber "creado un mercado entre el grueso público para los libros desechables", las grandes editoriales se dieron cuenta de que ese paupérrimo público sí tiene hambre de cultura, de una cultura que le ha sido negada y censurada mediante procedimientos tan sutiles como hacerla inalcanzable por sus elevadísimos precios. Pero que no se equivoquen, el mercado de los libros desechables que fue creado por unos ilusos, solamente se sostendrá si le siguen suministrando buenas obras a precios muy bajos. Incluso, la empresa se vería obligada a retirarse de este mercado si aparecieran otros editores que le siguieran suministrando estas obras y otras que aporten mayores beneficios en condiciones asequibles, a ese público ansioso de superarse y de poder aportar a la sociedad una mejor manera de vivir y de convivir.


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